Dicho con estas palabras puede que no terminemos de saber qué es esto de la Abogacía Preventiva, pero si decimos que “más vale prevenir que curar”, empezamos a situarnos. Prácticamente todas las operaciones que hacemos a lo largo de nuestra vida con otras personas o para nosotros mismos comprenden un componente jurídico, que solemos descuidar. A título de ejemplo, la compra de una vivienda es una operación compleja, tal vez de las más importantes en nuestra vida, y, sin embargo, no invertimos nada en asegurar el proyecto en que nos embarcamos. En el proceso de compra asumimos numerosos pagos: hipoteca, notaría, registro, inmobiliaria, promotor, constructor, etc. pero no contamos con el Abogado, el profesional que le dará el asesoramiento adecuado y velará por el buen fin de la operación, ahorrándose tiempo y dinero. Quién no conoce a alguien metido en pleitos o esté descontento por alguna casa que compró en la burbuja inmobiliaria.
En otros países, principalmente los anglosajones, practican la Abogacía Preventiva con habitualidad, cuentan con su Abogado, al que conocen de antemano y al que le confían los asuntos antes de emprenderlos con la finalidad de tener la seguridad de hacer las cosas correctamente. Aquí, en nuestro país, empezamos a acudir al Abogado antes de que se produzca el conflicto a fin de prevenirlo, pero aún nos queda camino. En este sentido, muchas personas tienen algún conocido que sea Abogado, pero no es su Abogado propiamente dicho. Es recomendable conocer a la persona que le asesorará en los asuntos que devengan en el futuro, al despacho jurídico al que confiará sus problemas o pretensiones. Acudir al Abogado no es tan caro como se cree, y mejor acudir al principio que al final. Tal y como comenzábamos este artículo: “más vale prevenir que curar”.
José Ángel Cañadas Miguel. Abogado
