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miércoles
10Marzo
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El Piletes

Opinió - El Piletes

El chocolate del bobo

Hacía tiempo que no salíamos juntos con una pareja de amigos muy divertidos. Sobre todo ella, Ángela, que se lo pasa de miedo viendo las cosas raras que me suceden en mi deambular cotidiano. Acudimos a un gran centro comercial para cenar y ver una película de esas en tres dimensiones que te agachas detrás de la butaca por si se escapa alguna bala perdida.
Elegimos el restaurante tras recorrer medio centro muertos de frío. No veía el momento de meterme dentro de un establecimiento para quitarme el tembleque que me acompañaba todo el rato. Al final las mujeres fueron las que eligieron, un restaurante argentino muy animado en el que había que guardar cola hasta que nos llamaran. Había cinco mesas disponibles, tres al fondo y dos en la misma puerta donde hacía un frío mortal cada vez que la abrían  y era bastante a menudo. Se cumplió lo que me temía, nos dieron la mesa más próxima a la puerta.
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La despedida de Armando

La despedida de ArmandoArmando se había sacado el carnet de patrón de barco la misma semana en la que celebraba su despedida de soltero. Que por cierto, resultó de esas que hacen historia en las batallitas que cuentan los amigos.
Habíamos quedado en recogerlo en su casa a las afueras de Aspe. Nuestra llegada se convirtió en una fiesta tempranera como consecuencia de la extrema hospitalidad de sus padres. Su madre con cara de asombro, no hacía más que repetirnos: “traedlo sano y salvo a mi niño que se tiene que casar la semana que viene”.
Pusimos rumbo a Alicante en varios taxis para cenar en un céntrico restaurante. Poco a poco la cosa se fue calentando y tras la cena salimos de a quemar la ciudad con Armando vestido de marinerito con galones y nosotros de marineros rasos. La verdad es que desde que subimos a los taxis en Aspe ya parecía que íbamos en barco.
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El raro era yo

¿Nunca se han parado a pensar la capacidad de análisis que tenemos cuando estamos en una sala de espera mucho rato y comenzamos a deducir como son las personas que nos rodean por las señales que nos envían?. Esto me sucedió, en mí última visita al ambulatorio, me vi rodeado de gente muy dispar y comencé a analizarla para pasar el tiempo. A mi lado tenía una señora con pantalones de piel de leopardo y mucho pecho que escondía tras una mini camiseta roja. Cuando la oí hablar, deduje que era latina, más tarde me enteré que era de Colombia. Al otro lado tenía un muchacho de color con chándal y auriculares, se los quitaba solo para preguntar por qué número iba el turno.
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El tonto del haba

El tonto del habaTodos los años me resisto a creer que me vuelva a tocar el haba del Roscón de Reyes. No sé qué hacer para evitarlo, el haba me persigue y me cabrea porque lo valoro como que no empiezo el año con buen pie. Puedo argumentar lo que sea para no cortar el Roscón, porque aunque no lo haga, la porción que me destinan para consumir contiene ese maldito elemento. Esto ya se ha convertido en una cuestión de amor propio, he probado a comprar el Roscón en todos los hornos de la ciudad, he cambiado de contenidos: de nata, de trufa, cabello de ángel … , da igual, como el Roscón tenga haba, allí que me toca.
Yo sé que es difícil de creer pero soy como un imán para la lluvia y para el haba de los roscones. Hace dos años, mis amigos trajeron un Roscón que por error tenía dos habas en lugar del haba y el rey, ¿adivinen a quién le tocó? y me tocaron las dos a mí y encima en la segunda como no me esperaba dos, me comí el roscón todo confiado y me casque una muela.
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Dulce, la perrita Cenicienta

Dulce, la perrita CenicientaTodas las mañanas en verano ando con mi perro por el campo antes de incorporarme al trabajo. Nada más comenzar, aparecía una perrita de la nada y se unía a nosotros durante todo el recorrido para desparecer nuevamente a la llegada a la casa donde veraneo habitualmente. Esto sucedió durante varios veranos hasta que en uno de ellos no la vi al comienzo de la temporada, pero al asomarme a la parte trasera de la casa, la encontré completamente demacrada gimiendo y sin poder tenerse en pié. La recogí y llamé a un veterinario para curarle las graves heridas de un probable atropello mientras se buscaba la vida para alimentar a los más de diez cachorros que tenía en una cueva próxima a unos naranjos donde descubrí que residía. Así que me convertí en el flautista de Hamelín y me los llevé a mi parcela a base de engaños y comida, pues parecía que no habían probado bocado desde el atropello de su madre. Una vez instalados en una improvisada caseta,
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Un bote de 38.000 euros

Un bote de 38.000 eurosMis amigos quisieron darme una segunda oportunidad al romper mi mala racha del azar cantando una línea de 3’70 € en un bingo local. Tras una cena de fin de semana con el cachondeo, decidimos ir a un bingo de mayor nivel en Valencia para consolidar mi cambio de tendencia positiva. Nada más llegar, una gitana que había por el acceso de entrada me quiso leer las líneas de la mano y como me negué, me soltó una maldición de esas que tienen ensayadas. Yo le respondí que se le volviera todo lo dicho contra ella por su mala fe. Y tanto que se volvió, cuando salimos había una ambulancia del SAMU y policía local en la esquina. Un turismo se estrelló contra unos contenedores alcanzando a la gitana de lleno. Estaba viva de milagro con un collarín en el suelo maldiciendo a diestro y siniestro. Mis amigos me miraban con cara de asombro mientras daban un paso atrás.
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El hombre casualidad

El hombre casualidadUstedes se preguntarán ¿a este tío le pasan todas esas cosas que cuenta?. Si les soy sincero, no, porque si cuento toda la verdad, seguro que no me creerían. Yo soy el hombre casualidad; ustedes dirán ¿qué significa eso?, pues se lo voy a decir. El hombre casualidad es aquel que aparece en lugares insospechados entre gente insospechada por accidente o casualidad. Ejemplos verídicos: en una ocasión estando en una sala de fiestas, me dio un apretón y me pasé bastante rato en el baño. Cuando salí de nuevo a la sala, habían cerrado el local al público porque daban una fiesta exclusiva a los jugadores del Barcelona. Solo puedo decir que me lo pasé de muerte jugando a los chinos con el entrenador y un jugador muy famoso, muy famoso… En otra ocasión, montando a caballo por la playa de San Juan a las tres de la madrugada, iba un poco agustito contándole chistes a mi caballo cuando sin saber “como” me caí y me recogieron dos mastodontes que resultaron ser los escoltas del príncipe Felipe, que oh casualidad, paseaba con una bella señorita a caballo también, cuando se suponía que debía estar alojado en el cuartel de una academia militar cercana ampliando su formación de mando.
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El fantasma del panteón

El fantasma del panteónLa víspera de todos los Santos fui al cementerio a limpiar los nichos de la familia y colocar las flores en todos ellos. Había gente a raudales con escaleras, cubos, fregonas…, una legión de personas atareadas, aunque siempre te encuentras a los curiosos que se dedican a ver quién ha ingresado en el campo santo en el último año.
Yo llegue un poco entrada la tarde y me enfrasqué en la labor sin parar mientras me venían a la mente historias y cosas raras que me habían contado mis amigos de los cementerios. A todo esto un cartel que había leído a la entrada: “Bienvenido, te estábamos esperando”, fue un poco el detonante de toda esta paranoia mental. La tarde empezó a caer rápidamente y la gente comenzó a marcharse.
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Mi mala racha está cambiando

Enrique y yo no pudimos irnos de puente por motivos laborales, pero aprovechamos los cuatro días para salir al cine, a cenar, al bingo … , con nuestras respectivas parejas. La verdad, es que no las sacamos mucho y eso se nota en la agudeza de sus sarcasmos. Ejemplo: la pareja de Enrique le dice ¿a ver cuando me llevas al cine?; y Enrique le responde: ¡otra vez! . Ella “es que ahora ya hablan”. Enrique ” a ver si era una película subtitulada”. Ella “no cuela nene”
Pues eso, que decidimos cambiar el chip y sacarlas de fiesta a todo meter para tenerlas contentas y  ver si caía otra cosa al final de la velada, porque andamos más caninos que los monjes del  Tibet. Como iremos de escasos, que el otro día nos encontramos  una señorita muy provocativa en una rotonda y nos hablo de “fornicar”  y  Enrique dijo “eso que es lo que es”,  yo le contesté “vámonos que creo que nos quiere alquilar un coche”.
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El cumpleaños de Luis

Enrique tenía que pasar a recogerme para ir juntos al cumpleaños de un amigo que lo celebraba en su chalet de una urbanización donde Cristo perdió el gorro.
Él debía participar en la fiesta sorpresa que la esposa de Luis le había montado actuando con la orquesta en la que ambos están ensayando. Yo confiaba en que mi amigo supiera llegar hasta la casa de Luis, porque según él, había visitado su domicilio en alguna ocasión y porque era una pieza clave para que el grupo actuara con todos sus componentes y cantarle el cumpleaños feliz a su llegada después de tenerlo todo el día entretenido fuera de casa para organizarle la fiesta y a buen seguro iba a poner un mayor empeño en llegar.
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Ser o no ser, ver la proclamación entera o cenar antes de que acabe

Ché, y yo que nunca había estado en la elección de las falleras mayores de Torrent con más años que un campo que tengo, pero tuve que ir porque me invitó un amigo que su vez tiene un hijo que está casado con una fallera que se presentaba candidata a la elección. Toda la familia estaba esperanzada en que saliera elegida Fallera Mayor y querían celebrarlo por todo lo alto. Yo me dije “esto pintabien, aquí hay marcha esta noche”.
El recinto estaba abarrotao, salía gente hasta debajo de las piedras. Hay que ver qué afición para ver la elección ó para criticar la vestimenta de las falleras y sus acompañantes.
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Las hormigas asesinas

Estas vacaciones no sabía dónde ir en busca de aire fresco. La oportunidad me la brindó un amigo que me invitó a pasar unos días en Cantavieja, el pueblo de su mujer a 1.470 metros de altitud. Lo agradable del clima, la tranquilidad de sus habitantes y el cambio de paisaje surtieron efecto en mi estado de ánimo pero no en mi buena estrella.
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Cómo caer bien y no morir en el intento

Parece ser que soy un tipo que a primera vista suelo caer antipático. Heredé esa faceta de mi padre y me ha perseguido durante toda mi vida. También he de reconocer que cuando me enfado saco las garras a pasear y puedo dar un susto fatal. Pero no es éste el caso, yo me refiero a caer mal sin mediar palabra, vamos que no hace falta que abra la boca para enterarme con el tiempo de cosas como: “no te imaginas desde el día que te conocí, lo mal que me caías, llegue a tenerte hasta odio; no sabes cuanto  me arrepiento desde que te conozco mejor”. Frases como ésta  y otras que no quiero reproducir he tenido que escuchar montones de veces a los tíos desde que iba al cole y cuando me he querido adelantar y hacerme el gracioso, la cosa ha ido peor. Cómo se me ocurra mirar a alguien fijamente en la vía pública, puedo acabar a tortazos sin mediar palabra.
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Una de averías

Ché que calor, no puedo dormir ni dentro de la nevera. El otro día venía achicharrao pensando que cuando llegara a casa me pondría el aire a toda pastilla hasta que me quedara como un pingüino y cuando entré en el patio me encontré con dos litris manipulando el cuadro de la luz y me dije para mis adentros ¡terrible sospecha! . Ya me tocó subir a pie porque no había luz en el patio ni funcionaba el ascensor y cuando llegué exhausto a mi casa descubrí lo que me imaginaba: no había luz en ningún sitio porque según mi señora se había producido un cortocircuito en la finca y estaban reparando la línea principal.
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